jueves, 6 de diciembre de 2012

Mallos de Riglos




En el entorno del Prepirineo oscense, a unos 40 Km. al Noreste de Huesca, se encuentra el pequeño pueblo de Riglos, y junto a él sus mallos, impresionante formación geológica constituida por grandes farallones y aguas de conglomerados. Se trata de sedimentos detríticos del Mioceno, que corresponden a la zona inicial de grandes abanicos aluviales que en su momento, partían de los relieves montañosos hacia la depresión central del Ebro. Hoy, los depósitos, moldeados por la erosión, se muestran como promontorios residuales adosados a los materiales plegados y más antiguos de la sierra. Este tipo de formación es frecuente en todo el frente del Prepirineo; en Riglos, y un poco más al oeste, en Agüero, es donde podemos apreciar este elemento geológico de gran espectacularidad. Los mallos, es un topónimo aragonés derivado del latín malleus (mazo), grandes escarpes rocosos verticales, adosados a la ladera de una montaña. En Riglos constituyen unos esbeltos relieves, con paredes de más de 200 metros en vertical, rematados por cimas cupulares cuyas cotas absolutas alcanzan los 900 metros. Durante la oscura Edad Media los mallos, cuenta la leyenda que fueron habitados por seres malignos que protegían las formaciones rocosas y sus privilegiadas perspectivas. En ese tiempo Riglos fue el efímero Reino de los Mallos, cuando a su muerte Pedro I dejó en herencia a su esposa doña Berta Cruz el único paisaje que podía compararse a su belleza. Poco después Alfonso I el Batallador recuperó los territorios para el Reino de Aragón. Famosa es también la leyenda que gira en torno a estos riscos, de Pedro el Saltamontes, que apostó con los vecinos que podía saltar desde el Pisón, el mallo más alto de Riglos, al suelo sin sufrir daño alguno. Sólo puso como condición que los espectadores se alejaran del lugar de caída para verle mejor. Nada más saltar corrió con su mujer y el dinero de la apuesta en dirección contraria y nunca más se supo de él. Los mallos son también el lugar elegido por muchos montañeros que practican la escalada por sus casi 170 vías, en sectores como El Fire, El Circo de Verano, El Pisón, El Puro, El Macizo de Pisón, Los Volaos, El Cuchillo, El Melchor Frechín, La Visera, los Mallos Pequeños y los Boulders de Riglos, pues gozan de una verticalidad poco frecuente. Estos mallos rojos, con trescientos metros de paredón vertical, son conocidos por escaladores de todo el mundo. Los buitres leonados, son los otros reyes de este espacio rocoso, y también los alimoches, con su inconfundible plumaje blanco. Comparten las paredes con éstos, águilas reales, córvidos varios y el quebrantahuesos, en vías de extinción, pero amante de estas tierras. Las sierras exteriores del Pirineo y estas escarpadas moles pétreas brindan a estas aves el refugio idóneo, justo a las puertas de la gran llanura del valle del Ebro.

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